Mi humana vuelve a hacer trampas. Y es la humana más feliz del mundo. Ayer recordó, ayudada por su madre, otra de mis humanas favoritas, que cuando era pequeña ponía granos de arroz para engañar al Ratoncito Pérez. Y, ¿lo podéis creer? desde entonces no había vuelto a hacer trampas. Ni nada que se le pareciera. Y, como le dice su hermano mayor, tanta represión es mala. Salen granos. No de los de arroz, de los feos. Se arruga el alma de niños transgresores que todos llevamos dentro. Y que no sólo es injusto esconder, sino además una estupidez. Mi humana hace trampas. Y un brillo de niña traviesa, que me encanta, ilumina sus ojos.
1 comentario:
Y es que sin trampas no podríamos vivir... ¿O no suelen ser las trampas lo más divertido de jugar al monopoly? Y que buen sabor tienen las citas clandestinas, las vacaciones cuando no tocan o los churros con chocolate cuando se esta a dieta!!!
Querida Lulu... con este cambio en tu humana de referencia... creo que vamos a salir ganado todos!!!
Besos humanos... estos sí, sin trampa!
Publicar un comentario