sábado, 27 de septiembre de 2008

Perfecta imperfección

Yo soy perfecta. No tengo ninguna duda. Lo que hago es lo que he de hacer y no otra cosa. Tengo el pelo que tengo que tener y el carácter que debo tener. Y no otro. Soy toda sumisión y dulzura cuando toca y tengo una mala leche que espanta también cuando toca.
Los humanos quieren ser perfectos y no lo son. ¿Por qué? Porque se torturan pensando en lo que son y en lo deberían ser. En lo que hacen y en lo que deberían hacer. El lo que sueñan y en lo que deberían soñar. En lo que odian y en lo que deberían odiar ¿Está mal enseñar los dientes cuando alguien no me gusta? Depende. ¿Está mal ladrar a altas horas de la madrugada si oigo ruidos sospechosos? Depende. Ya lo digo yo.
Y para muestra, mi humana favorita. Ella es perfecta, pero no lo sabe. Ella es perfecta porque es imperfecta. Pero no lo sabe. Ella es perfecta cuando tiene miedo por las noches y cuando intermedia en una pelea carcelaria. Cuando pegaría una patada en el cielo de la boca a algunas personas y cuando regala su tiempo pintando. Cuando escucha y cuando interrumpe. Cuando deja espacio y cuando se entromete. Cuando tiene la palabra justa y cuando la caga. Cuando dice te quiero y cuando dice ya no te quiero. Cuando es buena y cuando es una capulla. Cuando se ríe y cuando llora. Cuando se entristece y cuando se crece. Cuando es vanidosa y cuando piensa que no vale una mierda. Cuando reniega y cuando acepta. Incluso cuando amputa todas esas cosas que no quiere ver que también es. Y por eso estoy yo aquí. Para que algún día, se de cuenta que el equilibrio se consigue con los contrarios. Y que esos contrarios suman y son los que hacen que ese punto intermedio, que nos hace a todos perfectos, exista.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Alegato contra los perros

1. Los perros no deben ir a pasear por la playa porque tiran colillas, latas de refrescos y desperdicios en general a la arena. Y se hacen sus necesidades en el agua. Y no usan bronceador.
2. Los perros no deben ir a los restaurantes porque molestan con sus gritos y correrías a las mesas colindantes, chillan cuando hablan y sorben la sopa.
3. Los perros no deben ir a los hoteles porque roban los detallitos que te dejan en los baños, hablan a voz en grito sin importarles quién puede estar descansando en la habitación de al lado y se ponen toda la comida del buffet aunque no se la vayan a terminar.
4. Los perros no deben ir en los transportes públicos porque no usan desodorante, no dejan sentarse a las personas que lo necesitan y se ponen en el lado izquierdo de las escaleras mecánicas.
5. Los perros no deben ir por la calle porque no recogen sus excrementos, cuando andan ocupan toda la acera sin importarles el resto de transeuntes, aparcan en pasos de peatones -especialmente si tiene que pasar una silla de ruedas o un cochecito- y tiran al suelo las colillas, latas de refrescos y desperdicios que se les ha olvidado tirar en la playa.

Los otros perros como yo (los cannis lupus) casi nos alegramos de que tampoco nos dejen entrar en esos sitios... Casi que prefiero no tener que codearme con esa chusma!

lunes, 15 de septiembre de 2008

viernes, 12 de septiembre de 2008

Trampas

Mi humana vuelve a hacer trampas. Y es la humana más feliz del mundo. Ayer recordó, ayudada por su madre, otra de mis humanas favoritas, que cuando era pequeña ponía granos de arroz para engañar al Ratoncito Pérez. Y, ¿lo podéis creer? desde entonces no había vuelto a hacer trampas. Ni nada que se le pareciera. Y, como le dice su hermano mayor, tanta represión es mala. Salen granos. No de los de arroz, de los feos. Se arruga el alma de niños transgresores que todos llevamos dentro. Y que no sólo es injusto esconder, sino además una estupidez. Mi humana hace trampas. Y un brillo de niña traviesa, que me encanta, ilumina sus ojos.

domingo, 7 de septiembre de 2008

¿Es a mi?

Lulú, Lúlu, Lulusota, Lulus, Lulusa, Lulita, Lulota, Luls, diva, divona, guapa, guapona, resultona -y nada meona-, peluxona, pelandusqui -de pelos, no de pindingui-, cosa bonica, preciosa meva, amor, rubia, chica... y se supone que tengo que atender siempre que los humanos me llaman como les sales del candao? Coño, que soy un perro! Soy simple!!! Una orden, un nombre... es de primero de obediencia! Y después es a mi a quien llevan al psicólogos de perros... Si ej qué...

Reflexión dominical

Pienso, luego como

sábado, 6 de septiembre de 2008

Ai güana bi friki

Quiero ser una perra friki. Sí. Esa palabra le da un plus de clase, originalidad y modernidad, a cualquier cosa. No es que lo necesite. Pero hay que estar en la onda. Y cuando digo cualquier cosa lo digo con ánimo de ofender. Porque ahora, a quien viste mal no se le llama zarrapastroso, es un friki. Al que está como una puta cabra, se le llama friki. Al que se viste de Cheebaka para ir al cine -que digo yo cómo meterá la zarpa en las palomitas-, no se le llama volao, es un Friki -lo que huele a Star Wars siempre se escribe en mayúsculas-. Al que no tiene una sola habilidad social se le llama friki. A algunos maleducados, se les llama frikis. Los raros de cojones, ya no son más raros que un perro verde, son frikis. Al que lo más divertido que sabe hacer es separar los dedos índice y anular pa un lado y corazón y meñique pa otro no se le llama deformadito artrítico, se le llama friki. Al obsesionado por coleccionar córneas de los clics de famobil no se le llama enfermo, se le llama friki. ¡Incluso hay el día del orgullo friki! Pues yo no soy una perra inadaptada, mandona y descarada... simplemente, soy una perra friki.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Poder y miedo

Yo tengo poder. Especialmente -¿o tal vez únicamente?- sobre los humanos que tienen miedo. Yo huelo el miedo y me aprovecho de ello para escalar de mi posición de chucha mindungui a líder alfa. Es fácil. Lo llevo en los genes. Algunos humanos también lo hacen muy bien, aunque no les vaya la supervivencia de la especie en ello. Hace unos días, una amiga de mi humana favorita fue a hacerse una prueba médica. Llevaba el miedo escrito en la cara. Impregnado en el alma. Y lo transpiraba. Y la humana que debía hacerle esa prueba pensó que ese era su momento de gloria, su forma de escalar hacia lo más alto de la deshumanización chunga -de la deshumanización buena ya hablaré otro día-. Le gruñó, le mordió, le propinó todas las dentelladas que pudo, mientras se iba hinchando de placer al considerarse tan importante y poderosa. Convertida así en Dios, le vaticinaba un futuro terrible a la amiga de mi humana. El diagnóstico fue no sólo desafortunado, sino también erróneo. Pero la amiga de mi humana estuvo un mes destrozada, pensando en las palabras de esa humana poderosa. Alguien debería ponerle un bozal a esa hija de la gran puta que, además, no pasa de chucha mindungui ni de lejos.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Invisibles

Hay humanos guapos y humanos guapísimos. También hay humanos feos y humanos feísimos. Oigo decir que los humanos guapos y los guapísimos son los que triunfan en la vida. Para empezar y suponiendo que todos estemos de acuerdo en lo que es ser guapo o guapísimo, yo creo que eso no es verdad. Los humanos que triunfan son los que pueden ser invisibles. Mi humana me lo contó una vez (sí, habla conmigo, qué pasa!?). Toda la vida deseando ser guapa guapísima para con casi cuarenta años darse cuenta de las ventajas de poderse hacer invisible. Como el protagonista de la comedia Enredo de los años 80. Como Sue de los 4 fantásticos. Los invisibles aparecen cuando les place. Y mutan. Pueden ir a una fiesta y que nadie repare en su presencia mientras se lo pasan de muerte. Pueden trabajar en una prisión sin que nadie les mire las tetas ni les escriba cartas de amor. Los invisibles se le aparecen de pronto a uno y le dejan con la boca abierta (ostras, no sabía que tenías los ojos azules!). Los invisibles son una sorpresa de la que nadie espera nada. Y pueden ver todo lo que pasa. Y escuchar. Y esconderse. Y brillar cuando ellos quieren, no cuando quieren los demás. Yo no puedo ser invisible, porque soy divina de nacimiento y todos me miran y me dicen cosas. Pero me gusta que mi humana favorita pasee orgullosa su invisibilidad con una sonrisa de medio lao.

Humanos...

Mi humana favorita me lee.

Un hombre del pueblo de Negúa, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. —El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

Dice que lo ha escrito un humano que se llama Eduardo Galeano. Y yo, por un momento, me reconcilio con los humanos.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Chuchos y pedigrís

Yo soy un chucho de nacimiento, pero tengo más pedigrí que el perro de París Hilton. Soy un self made dog. Sí, una diva de la raza canina. Pero normalmente los perros somos o chuchos o pedigrís. Los humanos no. Hay humanos de primera, de segunda, de segunda tirando a tercera, de cuarta… Depende de muchas cosas. Del dinero, del linaje, de lo listos que sean, de las carreras que hayan cursado -que no es una reiteración de “lo listos que sean”, es otra cosa-, de los principios que se hayan pasado por el forro de sus caprichos, de lo que interesen a los medios de comunicación sus más o menos tristes y aburridas vidas … También hay muertos de primera, de segunda, de tercera… si un humano se mata en una accidente de circulación es un muerto de quinta, un número incordiante. Si se muere en un accidente aéreo o en un atentado, por ejemplo, es de primera. Las familias de los muertos de accidentes de coche no sufren, no tienen historias rotas que contar. Por eso, digo yo, que debe morirse más gente en accidentes de coche. En cambio, si se mueren muchos a la vez, a todos les interesa mucho qué habían hecho minutos antes o qué iban a hacer si hubieran seguido vivos. Durante unos días. El tiempo justo para poner la atención en otra cosa, como la operación de nariz a la que se ha sometido otra humana. Ésta, eso sí, con pedigrí.

Racismo textil

Mi humana está sorprendida. Otro humano, mayor de 7 años -y de 60- le ha reprendido el uso de unos pantalones “de origen o estética árabe”, teniendo en cuenta que es una cultura que castiga y denosta sistemáticamente a la mujer. Yo no entiendo muy bien esas palabras, pero al parecer el humano ha puesto a parir a los “moros”. Mi humana no ha perdido los papeles. No le ha dicho grrrrrr, como hubiera hecho yo, o, lo que es lo mismo en lenguaje humano: ¿le he pedido a usted su opinión sobre mi vestimenta y mis principios?. Mi humana, que en aras de la corrección suprema -que le ha costado, todo sea dicho, una fortuna en psicólogos-, en lugar de cagarse en su puta madre y de reprocharle que no le dejara leer en paz, le ha argumentado porque no podía poner de vuelta y media a toda una cultura, de una riqueza sin parangón, como quien critica a la Duquesa de Alba. También le ha dicho que la cultura occidental no estaba para enseñar derechos humanos ni ser ejemplo para nadie, verdad? El humano se ha ido asintiendo y sorprendido, no se si por no escuchar a mi humana en plan mitin, lo acertado del discurso o por la sorpresa de la reacción. Estoy segura de que esperaba un grrrrr. ¿Se podía esperar otra cosa de alguien que lleva unos pantalones de estética “árabe”?

Vida de perros

Imagino que la frase viene porque hay perros que viven muy malamente, pero no es mi caso. Yo vivo con una humana que me adora, y todo un séquito de fieles acólitos que me ríen todas las gracias. Soy una afortunada, lo se. Incluso si me comparo con los humanos. Incluso más, diría yo, si me comparo con los humanos. Porque yo tendré mi comida y mi bebida en la cocina, pero es a éstos a quien hay que darles de comer aparte…