Observo con frecuencia a mis humanos favoritos. Bueno, con frecuencia... no. Cuando no estoy comiendo, durmiendo o intentando cazar moscas. Digamos, entonces, que los observo de vez en cuando. Bien, a lo que íbamos. Reflexionaba hace unos días sobre una humana de mi manada, despedazada por otras humanas de la peor manera: entre risas y... varios
es broma, ¡¿eh?! Las humanas atacantes se mofaban de los intereses de la víctima -enternecedores y lícitos- mientras ésta empequeñecía hasta el tamaño de sus adoradas muñecas. Por eso yo, aquí y ahora, quiero que sepa que aunque ella se viera diminuta por los ecos de unas risas crueles, está a años luz de las personas que joden-por diversión o por mala leche- la vida al prójimo.