lunes, 27 de diciembre de 2010

Gilipollas

Hay personas que son gilipollas. Y que no se les va a pasar la tontería en su puta vida. Yo puedo ser una perra distinta mañana mismo, con el condicionamiento necesario. Y seré feliz siendo otra. Es mi suerte. En cambio, hay imbéciles que lo van a ser siempre. Es su naturaleza. Y no hace falta tener mi olfato para verlos venir. Apestan.

jueves, 29 de abril de 2010

Regalos

El 7 de mayo es mi cumpleaños. Y acepto regalos. Al revés que algunos humanos que tienen problemas para recibirlos yo los quiero y los agradezco. Porque, qué coño, me los merezco.

miércoles, 28 de abril de 2010

Muñecas

Observo con frecuencia a mis humanos favoritos. Bueno, con frecuencia... no. Cuando no estoy comiendo, durmiendo o intentando cazar moscas. Digamos, entonces, que los observo de vez en cuando. Bien, a lo que íbamos. Reflexionaba hace unos días sobre una humana de mi manada, despedazada por otras humanas de la peor manera: entre risas y... varios es broma, ¡¿eh?! Las humanas atacantes se mofaban de los intereses de la víctima -enternecedores y lícitos- mientras ésta empequeñecía hasta el tamaño de sus adoradas muñecas. Por eso yo, aquí y ahora, quiero que sepa que aunque ella se viera diminuta por los ecos de unas risas crueles, está a años luz de las personas que joden-por diversión o por mala leche- la vida al prójimo.

martes, 20 de abril de 2010

¿Hijos de perra?

Tiene gracia la expresión. Hace unos días, uno de mis humanos favoritos pegó un frenazo en plena autovía, hasta quedarse totalmente parado, para no atropellar a un perro que, totalmente desorientado, la cruzaba como buenamente le permitía su pánico. El resto de humanos conductores que circulaban por ahí en ese momento tuvieron los mismos buenos reflejos y el pobre perro y mi familia resultaron, milagrosamente, ilesos. Permitidme que, pasado el susto, me ponga grosera y pida por favor que a las personas que abandonan animales -en la carretera, en un contenedor o en una caja en medio de la calle- se les llame por su nombre: hijos de puta.

jueves, 15 de abril de 2010

Horizonte

Me levanto, estilosa, con movimientos perfectos y felinos, a pesar de proceder de la especie de los canis lupus. Me siento, altiva, en un gesto que hace recordar a las esculturas egipcias que protegían la entrada a las pirámides. Miro al horizonte mientras mi humana escudriña mi mente, imaginándome sumergida en los más elevados pensamientos. Y yo, pobre de mí, sólo estoy concentrada en una única cosa: la mosca que acaba de entrar por la ventana.

jueves, 1 de abril de 2010

He vuelto

Después de un año sabático cuidando de mi langosta de peluche he decidido hacer un poco de ejercicio. Tecleo en el portátil para reforzar los músculos de mis patas delanteras. Chupar la pantalla es accesorio pero divertido. Soy Lulu. Y como dice mi amigo Enrique, he venido a destruir el mundo de los humanos con la patita del gas.

martes, 6 de enero de 2009

Contar en besos

Dicen que los perros no sabemos lo que es mucho o poco tiempo.
Parece ser que, para nosotros, dos minutos o 8 horas es lo mismo.
Nos ahorramos así el desespero de ver como las horas pasan lentas hasta la llegada de aquel día que tanto ansiamos.
También nos ahorramos agobiarnos porque, una vez llega el día, los minutos pasan tan veloces como mi primo Coco persiguiendo a las palomas.
Dicen que a los perros nos da igual dos minutos que 8 horas.
Es cierto que no podemos leer un reloj. Esa curiosa forma de ordenarlo todo que tienen los humanos.
Pero yo creo que el imbécil que dijo que los perros no sabemos lo que es mucho o poco tiempo no ha estado encerrado en una jaula a 5 grados bajo cero en una protectora de Collserola. Y no precisamente 8 minutos.
Tal vez los perros no contamos en horas, en días o en meses.Tal vez contamos en desayunos, en mimos, en largas siestas o interminables paseos. Igual a los humanos os iría mejor si contaráis más en besos y menos en segundos. Igual.